En estos últimos días hemos dicho adiós a Manchón y a Arteche, dos grandes jugadores -y grandísimas personas-, cada uno de ellos en su época.
El adiós de Manchón era quizás más esperado dada su edad, pero no menos triste. Hacía poco tiempo en Comarruga cenábamos con él y su familia. Era todo bondad y le tenía un gran cariño a pesar de la diferencia de edad que había entre nosotros. Éramos grandes amigos; para mí fue un ejemplo en todos los sentidos.
Y con Arteche he compartido vestuario en el Atlético de Madrid y fuimos muy amigos en esa época. Ahora desconocía su enfermedad y su muerte ha sido una sorpresa muy grande. ¡Qué gran persona era!
Descansen ambos en paz.
Estas pérdidas me han hecho pensar en mi despedida, en el día que me toque a mí irme. Y desde luego lo que no quiero es un minuto de silencio, quiero un minuto de alegría, de fiesta y no de tristeza. Tampoco me gustan los homenajes después de haberte ido, ni las medallas a titulo póstumo. Si alguien te tiene que hacer un homenaje que te lo hagan en vida y si alguien quiere reconocer tu trabajo o tu trayectoria que te den la medalla mientras estés en este mundo, no después joder. Ya no la puedes ir a recoger ni poner caras en la foto.
Un abrazo amigos.
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